La reputación de lujo extremo, al estilo James Bond, de este pequeño principado en la costa sur de Francia no carece de fundamento.
Mónaco, paraíso fiscal desde hace mucho tiempo para las élites europeas, es un lugar donde puedes caminar tres cuadras y ver coches por valor de 100 millones de dólares en las calles y yates multimillonarios en el agua. Pero además del Gran Premio de Mónaco y el famoso salón náutico, Mónaco también ofrece muchas atracciones asequibles para el público en general.
El palacio, el Museo Oceanográfico y el casco antiguo están abiertos al público y rebosan encanto europeo. También puedes admirar la colección de coches del príncipe o visitar el zoológico junto al acantilado por solo un par de euros. Aprovecha el tiempo para disfrutar de una cerveza en Brasserie Monaco, una de las cervecerías más pequeñas del mundo, situada en pleno puerto de Hércules. O puedes jugar unas partidas de blackjack en el famoso casino de Montecarlo. Y no, no hace falta que lleves esmoquin.



